COSTES DE LA NO PREVENCIÓN
Además de la desagradable e indeseada repercusión de tipo humano y social que suponen, los accidentes de trabajo constituyen asimismo un importante impacto económico para las empresas. Problema que adquiere, si cabe, una mayor dimensión para las pequeñas y medianas.
Un accidente de trabajo implica costes para los trabajadores (reducción de ingresos, gastos adicionales y pérdidas en calidad de vida y bienestar…), para la empresa (pérdida de recursos humanos, presiones sociales y psicológicas…), y, sobre todo, para el conjunto de la sociedad.
No siempre es fácil evaluar los costes reales que generan los accidentes laborales, ya que son muchas y muy diversas las variables que se han de valorar. Así, los costes de un accidente laboral se dividen en directos (aquellos que la empresa puede contabilizar y cuantificar fácilmente) e indirectos (no se pueden medir de forma real ni exacta, pero están, indudablemente, asociados al accidente).
Los primeros, es decir, los directos, se pueden calcular de forma objetiva y, normalmente, van acompañados de un desembolso en efectivo por parte de la empresa. Son los costes asociados a fallos, y que se traducen en costes de mano de obra, de materia prima y de reparaciones o sustitución de material, por señalar alguno de los más relevantes.
Por otra parte, están los indirectos, que precisan de un análisis detallado para poder cuantificarlos ya que no se pueden medir con facilidad. Como indirectos destacan, entre otros, los derivados de la pérdida de un trabajador o trabajadora con experiencia, de la posible desmotivación provocada en el resto de la plantilla, de la imagen y del posible deterioro que ocasione en las relaciones entre la empresa y sus trabajadores y trabajadoras.
Para aproximarse al conocimiento exacto de los costes de la prevención es preciso analizar su estructura. Al aumentar los recursos dedicados a acciones de planificación y de organización del sistema de gestión de la prevención en una empresa disminuye el coste necesario en medidas preventivas, porque están mejor diseñadas y repercute en una mayor eficacia del sistema preventivo.
Una actitud pasiva ante la prevención es doblemente contraproducente, ya que a los costes de la propia acción ineficaz hay que añadir las pérdidas derivadas de posibles accidentes o incidentes que se pueden producir.
Una metodología de control de pérdidas económicas derivadas de la no-prevención permitirá evaluar económicamente el programa de prevención de una empresa y facilitará el análisis coste-beneficio de las medidas preventivas adoptadas.
Los accidentes tienen costes económicos, pero, sobre todo, humanos. Por tanto, la inversión en prevención de riesgos laborales es necesaria: Los resultados son perfectamente medibles y los beneficios, por tanto, cuantificables.